viernes, 9 de enero de 2015

Un encuentro cuando aún no sucedía

Del baúl del recuerdo donde parecía tan efímero nuestro encuentro:
Oct 2008


Parecía estar marcado para no llegar a la muestra que queríamos llegar.
Tanto tú como yo.
Es como si fuéramos de espaldas en sentido contrario,
pero no siempre es así, porque hay veces en que estamos en el otro lugar.
Tal vez hay alguien más grande que juega con nuestro enlace y no nos voltea para ponernos de frente.
Quizás hace falta intencionarnos más para lograrlo, de ambas maneras puede resultar fascinante.
Por lo general se lo relegamos al tiempo, al misterio y a la espera.
¡Qué bárbaros salimos! Nos aprovechamos más de nosotros mismos antes que del encuentro.
Eso es como muy raro al igual que su explicación.

Ya ni se qué más escribir, pensé mucho en decir algo.
¿De qué estamos hablando? creo que lo olvidé.
¿Era del encuentro o de que no pudimos vernos?
Algo extraña esta plática.

Entonces hemos hablado de tanto y bonito con misterio.
Sin saber nos expresamos entre nosotros, pero sólo cuando ambos.
Un encuentro único, que hasta creó nuestra manera de platicarlo.
Pero para que haya de darse físicamente, creo que no se necesita de tanto.
Es más puede llegar en cualquier momento.
Pero si nos referimos a un instante nada lejano, si faltaría algo para que llegue a darse.
Supongo que sería nada más que algunas pocas banalidades que nos han entre-tenido bastante.
Yo digo pues, que ese algo que nos hace falta no es más importante que nosotros mismos, pero siempre requiere tiempo un encuentro.
Como hasta ahora ha requerido el misterio, la espera y las banalidades.
Porque este acercamiento ya es muy grande camino atrás, ahora imagina lo enorme enfrente de él.
Está creciendo profundamente que aún sin vernos podemos admirar lo hermoso que se está manifestando.

Una parte mágica y con misticismo evidentemente.
La unión en otro espacio eterno.

Aunque deseamos evidenciar ese cuerpo que mantiene a la forma del alma.
Compartir todos los sentidos de este cuerpo.
Vivirnos en la cotidianidad, de lo etéreo a lo terrenal.
Que nos levantemos mutuamente del tropiezo y volemos.
Lejos, lejos hasta descubrir otro nuevo encuentro juntos.

Ya estuvo bueno de mirar de frente a nuestra ausencia y contarnos todo el tiempo cómo es.
Porque déjame decirte que incluso tu ausencia la abrazo bien, pues es muy grata.
Tan sólo imagina cómo será de exorbitante la sublime presencia.
Pero muy agustos así; hablándonos suave, para ver hasta donde termina y seguir confabulados por la próxima unión.
Explorando al paso cada aspecto, y llegar a los inexplorables.
Como cultivadores de incontables recuerdos.
Coincidiendo en la impresión al saber de la existencia del otro.

Ser estar.
Fluyendo en etereidad.

Juntos es como nos conocimos y así nos comportaremos sin necesidad de saberlo.
Es probable que luego de nuestro enfrentamiento no queramos voltear de nuevo.
Pero igual como todo lo podemos afrontar.
Aunque tengamos que pasar por los senderos que nos harán llorar, pues tenemos que conocer la tristeza que nos da el otro. La melancolía que se nos originará por regresar con nuestra ausencia,
y la nostalgia que viene con su dosis de añoranza.
Habrá que conocer esa forma de extrañar que nosotros creamos para profundizar en el encuentro comprendiéndolo fondo a fondo y viceversa.

De cualquier manera siempre nos regalamos sorpresas que además van bien enfocadas a un mismo punto, cuando de ambos se trata y deseamos permanecer suspendidos hacia el vértice del nexo.
Como un final del comienzo, mientras que en agua caen las frases y en ratos les responda el eco, para persistir en percibirlo de diferente manera con otro sentido, en la conexión de todas sus ambigüedades.